La búsqueda de la felicidad es algo que pertenece al ser humano desde tiempos inmemorables. Quizás es lo que nos diferencia de los otros animales. Podemos tener la ilusión, durante un tiempo, que esta felicidad depende en gran parte de lo que logramos obtener del exterior (dinero, éxito profesional, relación amorosa, familia…) pero aún teniendo todas estas cosas, la mayoría de los humanos siguen anhelando algo que no pueden definir claramente, como si siempre les faltara algo más para sentirse plenos. Esta sensación de vacío puede generar ansiedad, angustia, estrés, miedo, aburrimiento, ira, es decir, toda una cantidad de emociones que pueden invadir nuestras vidas y empujarnos a conductas desequilibradas.

El Qi Gong Tai Chi Pai Lin nos invita a cultivar un espacio más interno para poder sentir que nuestra felicidad no depende tanto de lo que tenemos, sino más bien del reconocimiento de lo que somos en esencia: una pequeña unidad constituida de cuerpo, mente y espíritu que fluye dentro de una gran unidad, el universo.

El ser humano en sí mismo es como una familia: la conciencia o espíritu es el progenitor, y la mente y el cuerpo son los hijos. Si hay conflicto entre estos miembros, o falta de respeto, o dominación de uno sobre los demás, la vida dentro de esta familia se hace difícil. La práctica permite el desarrollo de cada una de sus partes en armonía con los demás. Al recuperar esa unión interna, nuestra salud física y mental mejoran; podemos entonces sentir un profundo alivio, una alegría serena de vivir y una apertura hacia el mundo que nos rodea, permitiéndonos una mayor integración dentro de nuestra realidad. Sophie Vidamant